Cuenta la historia que un día otoñal, en una tarde de junio, previa llegada del invierno tajante, un marinero decidió zarpar junto a su barco por los mares alejados de la ciudad, en búsqueda de nuevos destinos.
Organizó todo, dejó lo que no le servía para el viaje, se despidió de sus amigos, y zarpó hacia la mar, en busca de aquella calma que tanto buscó en el firmamento, y que por distintos motivos, propios y ajenos, nunca logro. Sus amigos, temerosos por la inclemencia del tiempo, quisieron hacerlo desistir del viaje, ya que es muy peligroso en estas épocas. Sin embargo, fiél a su decisión, el marinero soltó las agarraderas, desplegó velas, y zarpo hacia mar adentro.
"En el mar todo es más calmo.." pensó el marinero, viendo como el amanecer lo abrazaba y lo cubría de fogozo color naranja, mezclado con el azul brillante del mar. Él sentía que la libertad lo abrazaba, que ya nada lo preocupaba, que ya nada lo haría volver. Siguió su travesía marítima, días y días, contra viento y marea, pero disfrutando lo que veía.
Sus amigos, en tanto, sentían el temor de los mares, el clima ya no era el mismo, lo que antes eran tardes otoñales, ahora se convirtieron en grises y frías noches enteras, con destellos de relámpago cruzando los cielos, chocando en el firmamento. Ya no era el clima ideal para que su amigo, el marinero, este dando vueltas por los mares. Pero no había forma de avisarle, su barco no tenía forma alguna de comunicación, estaban él, el barco y la mar.
Entonces uno de ellos recordó la última vez que lo vieron, aquella tarde, donde les entregó una caja cerrada. Esa caja contenía algo, todo lo que dejó "que no le servía": sus documentos, sus libretas, su celular, sus llaves de la casa... Había dejado todas sus pertenencias, y una carta. Una carta donde escribió sus últimas palabras...
"... me retiro a la mar, voy en búsqueda de lo que perdí. Ya nada me queda, nada me ata en esta tierra, en este firmamento. Hace tiempo ya lo tenía decidido, pero me faltaba valor.
Hoy es mi día, hoy salgo a buscar mi libertad, hoy comienzo el primero de mis últimos días, y los quiero disfrutar como nunca.
Seguramente ustedes lean estas palabras, y no se sientan muy bien al hacerlo, pero creanme que es la mejor decisión que tomé.
Las vueltas de la vida nos volveran a cruzar en algún momento..." y la carta seguía.
Nunca más se supo algo de aquel marinero.
Aquel que decidió zarpar una tarde otoñal del mes de junio.
Aquel que zarpó del firmamento en búsqueda de nuevos destinos.
Aquel que zarpó buscando la calma de la mar.
21.05.08 by nicolás